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El genio de Beethoven estremece en “Emperador y Heroica”
Este viernes por la noche el Teatro Ángela Peralta albergó uno de los Grandes Eventos del Festival Cultural Mazatlán 2018: “Emperador y Heroica”, festín dedicado a uno de los grandes maestros de la música universal: Ludwig Van Beethoven.


Cobijados por una preciosa concha acústica de madera, diseñada por el personal  del teatro,  los músicos de la Camerata Mazatlán ocuparon sus lugares y dieron la bienvenida a su director, el maestro Percival Álvarez, y al hombre que se robaría la admiración del público durante  la primera parte del espectáculo: Jorge Federico Osorio, uno de los máximos exponentes del arte pianístico de México en el mundo.

Toda la exaltación y luminosidad, la potencia y sutileza, que el alemán imprimió a su música quedaron plasmados en los tres movimientos del “Concierto para piano y orquesta No.5 en mi bemol mayor Op.73”, obra conocida con el nombre de  “Emperador”.

Desde el éxtasis de su introducción, pasando por los momentos de virtuosismo escritos para el piano o por las secciones en las que la orquesta aparece como un mundo de gloriosos sonidos, la intensidad del concierto “Emperador” generó una especie de trance que, sin lugar dudas, brilló al máximo en las manos del maestro Jorge Federico Osorio quien al término de esta pieza fue ovacionado por los mazatlecos por permitirles experimentar una especie de prodigio.

Después del intermedio, llegaría el turno para que el máximo recinto cultural del puerto vibrará con una de las piezas más ambiciosas de Beethoven, un artista preocupado por inmortalizar en su obra los ideales y aspectos más elevados de la condición humana.

Por su extensión, densidad dramática y potencia la “Sinfonía No.3 en mi bemol mayor, Op. 55, hizo que los mazatlecos atisbaran la capacidad creativa de Beethoven, el genio, el hombre celebrado e incomprendido, el creador de “Heroica”,  un himno  a la grandeza humana,  el músico que perdió el oído y en su sordera creó monumentos de la cultura universal.

Los violines, violas, chelos, contrabajos, flautas oboes, clarinetes, fagotes, cornos, trompetas y timbales propiciaron estancias de vértigo, de enorme gravedad y dramatismo o bien, atmósferas en las que la gracia parecía asomarse.

Dos hermosos soles refulgían en la madera, dos joyas que celebraron la disciplina, la unidad y el enorme vigor de la Camerata Mazatlán  en este evento  despedido por el público con fuertes aplausos de admiración y agradecimiento por  apostar a elevar el nivel del arte en el puerto.